¡Atom Rhumba lo han conseguido! La etiqueta
de “gran promesa” que tantos medios han colgado a
la banda vasca, catalogándola como “una de las mejores
bandas de España” desde los tiempos de Hormonal Riot
(1997)- todo eso ha quedado obsoleto con este nuevo disco. Atom
Rhumba no son ya una “promesa”. Son la cruda, palpitante
e infecciosa realidad.
J.F. León entrevista a Javi y Rober
para chequear el ánimo de los rhumberos tras la edición
de este implacable “Backbone Ritmo” y antes de que
se lancen a presentarlo por toda nuestra geografía.a etiqueta
de “gran promesa” que tantos medios han colgado a
la banda vasca, catalogándola como “una de las mejores
bandas de España” desde los tiempos de Hormonal Riot
(1997)- todo eso ha quedado obsoleto con este nuevo disco. Atom
Rhumba no son ya una “promesa”. Son la cruda, palpitante
e infecciosa realidad.
-Vuestro nuevo trabajo ya está en la calle...
Parece que habéis reorientado algo el sonido del grupo.
Rober!(R)- Suena mucho mejor. No veo grandes cambios de estilo,
sino mejores canciones.
-Al final ¿cómo ha ido el tema de la grabación
y cuál es vuestro grado de satisfacción?
(R)- Es el que mejor sabor de boca nos ha dejado. Creo que aguanta
repetidas escuchas y al contrario de los anteriores no hay bajones
de sonido o interpretación. Siempre hemos grabado en directo
y eso a veces nos ha pasado factura.
-¿Cómo están las cosas en el grupo
tras el enésimo cambio de formación?
Javi (J) -Bien, pero es que empiezas con gente a tocar, pero según
van creciendo y cogen responsabilidades se cansan
-De todas formas no creo que sea fácil mantenerse
cuando estás en el amateurismo y no sacas pasta de esto...
(R) -Si realmente te gusta con locura no lo puedes dejar. Pero
cada uno tiene sus prioridades.
-Pero el desembolso económico es importante en
ocasiones.
R -Claro, sabes que no vas a ganar dinero. Puedes vivir un tiempo
a base de subvenciones del ayuntamiento y tal. Así estuve
varios años cobrando lo del indigente y usando todo tipo
de triquiñuelas pero no es un buen plan a largo plazo,
gasto demasiado en zapatos. Al final accedes a un trabajo con
un horario que hace que se te ponga muy cuesta arriba el seguir
tocando.
J -Pero tal y como está montado es mejor no intentar vivir
de esto, porque si no le acabas cogiendo manía.
-Vale, pero como dijeron el Babas y el Turrón en
su libro: Nadie come del aire... y es cuando imagino que surge
el conflicto.
R -Bueno, pero se puede compaginar. Otros sacan tiempo para la
novia y para ir al monte. Pues yo tengo esto, me apasiona, aunque
me tenga que ir mañana sin dormir para Bilbao.
-Otra posibilidad, ya que eres el único miembro
original, es que los demás se hayan cansado de ti... (risas)
R -No ha habido conflictos personales...casi nunca. (risas)
-¿Qué está aportando Álvaro
Segovia al grupo?
J -Básicamente está dándonos ilusión
y sangre nueva. Que es muy importante.
R -Se está adaptando muy bien para venir de unos estilos
que no cuadran mucho con nosotros. Aprende a toda hostia y encima
le gusta lo que hacemos. Además ha hecho una apuesta personal
por el grupo como no se la he visto hacer a ningún miembro
anterior.
-Desde el primer día que le vi con vosotros (el
día de Jon Spencer) ya se le veía muy integrado
en la movida. Tanto musicalmente como a nivel de imagen.
R -Simplemente tienes que creerte lo que haces.
J -Igual que los grupos indies son introspectivos, nosotros somos
muy extrovertidos.
R -Es que me parece fundamental hacer algo más que tocar
las canciones...tienes que demostrar que lo vives y transmitirlo.
Y si el público está parado tienes que moverte tú
más aún.
J -Es una forma de hacer entender mejor al público lo que
estás haciendo musicalmente.
R -Además yo necesito bailar, no me puedo estar quieto.
-Esa noche disfruté más con vuestro concierto
que con el de la Blues Explosion, otras veces les vi mucho más
entonados.
R -No eres el primero que nos lo ha dicho. Creo que lo hicimos
bien, llevamos nuestro técnico y nos dieron volumen, la
cosa sonó. Su concierto fue muy soso, me decepcionó.
J -En la prueba ni se hablaron, llegaron súper tarde, tenían
camerinos separados... así no se puede tocar bien.
-Al principio se os encasilló un poquito como la
Blues Explosion de aquí...
R -Realmente, al principio éramos como los Scientists,
sobre todo en nuestro primer single.
J -Lo sacó Alehop y era buenísimo.
-Me lo creeré porque todavía no estabas
en el grupo y supongo que eres objetivo.
J -Yo flipé con ese single.
R - Apuesto este dedo a que si el primer disco hubiese salido
ahora nos estarían metiendo en el saco del punk funk que
está tan de moda ahora. Pero entonces ni dios se acordaba
de los Contortions o Gang of Four, el disco es de hace más
de seis años.
J -De todos modos nos gusta más Jon Spencer con Honeymoon
Killers o Pussy Galore.
-Pero esa comparación tenía cierta lógica,
aunque con "Dirt Shots" ya os desmarcasteis un poco...
R -Sí, es más Beasts Of Bourbon.
-Además con un temazo tan tremendo como "Funky
Town"...
R -Es el hit. La hemos tocado en sitios donde no nos conocían
y siempre funciona.
J -Y mira que la hemos tocado veces... y no nos cansa.
R -En el primer disco éramos más duros y oscuros.
Luego empezamos a obsesionarnos con el ritmo, que se pudiera bailar.
-Y con "Chasing The Onagro" imagino que encontrasteis
vuestro sonido...
R -No, que va.
J - Cuando salió estaba mucho más contento que ahora,
el sonido no me convence.
-Vamos, que con Mick Collins no repetís...
R -No es eso, con él de puta madre. Pero suena demasiado
limpio. También reconozco que algunas interpretaciones
nuestras no están muy conseguidas
J -Esperábamos otra cosa.
-¿Y habéis encontrado vuestro sonido, por
fin, esta vez?
R- Mmmm…en "Satin Breakdown", que está
grabado íntegramente del tirón, voz incluida, hemos
andado muy cerca. Es el disco que más nos gusta el sonido,
es muy sincero.
-Imagino que es eso de la eterna insatisfacción
del músico, imagino que es buena e incluso necesaria para
hacerlo realmente bien, ¿no crees?
R - Cierto, esa búsqueda te da arrestos para seguir adelante
hasta conseguir un resultado que sea 100% satisfactorio. Seguimos
en ello.
-Algo que añadir?
R - Tengo sueño.
J.F. León
Backbone Ritmo es la prueba de que han superado cualquier etiqueta
o influencia reconocida antes (JSBX, Gories, Contortions...),
y se han dedicado a hacer lo que mejor saben: el contagioso, puro
Ritmo del mejor rock and roll.
Esa etiqueta de “banda prometedora” ha estado siguiéndoles
durante años: en el 97 salieron triunfantes del Villa de
Bilbao -el concurso más prestigioso de España. Dirt
Shots (1999) vino a continuación y la banda empezó
a girar sin descanso y a obtener reconocimiento de todos los medios.
En el 2001, Chasin' the Onagro, producido por Mick Collins, se
alzó en todas las listas de “mejor disco del año”,
los críticos les pusieron por las nubes y las giras y el
éxito no se limitaron a España -Francia también
se rindió a ellos. Así que era el momento de seguir
avanzando y hacer realidad las expectativas creadas. Cientos de
conciertos incendiarios han tenido su recompensa: tocan mejor
y escriben canciones como pocos pueden hacerlo. Y de este modo
han grabado finalmente lo que los fans y los medios les pedían
desde hacía tiempo: simplemente, el mejor disco de rock
que haya aparecido en España en muchos, muchos años.
Un disco que puede mirar por encima del hombro a cualquier lanzamiento
internacional. Ahora ya no hablamos de una de las mejores bandas
de este país: hablamos de un grupo con muy pocos competidores
en cualquier lugar del mundo.
Backbone Ritmo ha sido producido por el conocido
Kaki Arkarazo y, como es usual en ellos, ha sido grabado en directo,
a la primera o segunda toma, al modo en que los verdaderos discos
de rock crudo se hacen. Lo cual no es un obstáculo para
la variedad y el riesgo que el disco exhuda: Kaki se las ha arreglado
para conseguir un sonido increíble, lleno de groove pero
rico en matices y detalles. El trío inicial te hará
rendirte al anfetamínico entusiasmo que desprende el disco,
superior a cualquier otro intento que hayan hecho antes. Y en
sólo 5 temas, Atom Rhumba demuestran que todas esas expectativas
sobre ellos pecaban, en todo caso, de comedidas. La cara B es
más rica en experimentación, moviéndose entre
las grietas de diversos géneros (country, soul, garage)...
Destrozando cualquier etiqueta.
Así que, ¿Estás escuchando el mejor disco
de Atom Rhumba? ¿El mejor disco del año? Hay muchas
preguntas que puedes hacerte, pero la respuesta está en
sólo 10 temas. Baila con el Backbone Ritmo.
UNA OPINION SOBRE “BACKBONE RITMO”
– POR EDUARDO RANEDO
En varias conversaciones con Enric Bosser, guitarra de The Meows,
hemos llegado a la misma conclusión. Aparte de cualquier
otra consideración detipo técnico, compositivo o
de sonido, la primera prueba de que un disco estatal merece ser
mencionado por su excelencia es que, en definitiva, no parezca
hecho aquí. Alguno se escandalizará tras percatarse
de que este baremo crítico, que es sólo uno más,
sea utilizado por algunos, pero es lo que hay. Tras años
escuchando grabaciones que, a pesar de contener buenas canciones,
provocaban sonrojo por lo que tenían de reproducción
fulera de patrones ajenos o por lo deficiente de su plasmación
en el estudio -y para ello no ha sido obstáculo que productores
o técnicos de relumbrón aterrizaran en nuestra escena
independiente para, en teoría, vender algo de su sapiencia-,
ya va siendo hora de elevar el nivel de exigencia. Pues bien,
"Backbone ritmo" marca diferencias desde el principio.
Efectivamente, a nadie le extrañaría que hubiera
venido de fuera, que apareciera en las tiendas como una novedad
editada por DFA, Elektra o In the Red.
Atom Rhumba siempre han sido un grupo valiente. Lo han demostrado
a lo largo de su carrera, dando pasos constantes en busca de modelar
su personalidad como banda sin renunciar a captar la esencia de
propuestas nada cómodas para el perfil más común
entre los aficionados, y lo hacen ahora encargando la confección
de la hoja promocional -lugar común para las alabanzas
injustificadas y el engorde de caballos-, a un crítico
del que conocen su escaso aprecio por la diplomacia y su facilidad
para labrarse animosidades en una escena local tan carente de
talento como aficionada al engreimiento. Trampa. Ellos saben que
tienen entre manos un trabajo que supera de largo el nivel medio
de lo editado en el estado español en los últimos
tiempos, que no va a dejar a nadie indiferente y que puede situarles,
a poco que la suerte les acompañe a la hora de situarles
estratégicamente en los escenarios festivaleros, en un
status envidiable. Porque esto es lo que hay. Un disco sobresaliente,
tan accesible como ausente de concesiones y cargado de respeto
hacia sus referentes, entre los que fácilmente se detecta
a los Soft Boys, Captain Beefheart, Kim Salmon o el funk quintaesencial.
Un disco lleno de canciones bailables, rara vez oscuras y disonantes,
a pesar de lo intrincado de sus estructuras y de su alejamiento
del camino sencillo y trillado.
Si cuando apareció su tercer disco, aquel "Chasin'
the onagro" en el que fueron de la mano de Mick Collins,
hubo quien apuntó lo escaso del margen de mejora que dejaba
a los rhumberos, "Backbone ritmo" le enmienda la plana.
Y lo hace al enriquecer el tratamiento vocal, la adaptación
definitiva a su diosincrasia de un guitarrista eminentemente rockero
como Álvaro Segovia, y el empleo inteligente de la sección
rítmica superando su mera utilización como soporte.
Las canciones son, simplemente, las mejores que han hecho hasta
el momento, y a pesar de que poco queda ya de la formación
con la que nació el cuarteto, nadie dudará de que
lo que aquí escuchamos es el producto neuronal de Rober,
a quien quizá sólo faltaba dar con quienes mejor
podían acompañarle en esta aventura.
El disco se grabó el pasado verano en los estudios Garate
de Kaki Arkarazo, y contiene sabrosas colaboraciones de Jomes
Bap!, Hendrik Roever, Josetxo Ezponda o el propio Kaki, que produce
con maestría un disco tan singular como ratificador de
la valía de un grupo al que siempre han acompañado
las alabanzas. Justificadas aunque un poco exageradas al principio
-ya se sabe que el componente del paisanaje a veces ayuda a elevar
las puntuaciones de manera un tanto artificial-, pero que llegados
a este punto nadie podrá cuestionar.
Eduardo Ranedo (Ruta 66)