La leyenda y el legado de los Embrooks tienen un hueco enorme aquí en la lejana tierra de Mohair Sweets. De hecho fue ya a finales de los 90, gracias a ese gentil, generoso, diamante único en su especie, caballero de barrio conocido como Greg Smith, de la afamada Dig the Fuzz Records; fue a través de él que tuve mi primer encuentro auditivo con los tres mágicos modsters conocidos como the Embrooks. Mr. Fuzz me había enviado una copia del single “But I Didn’t Know Him” / “Fight Fire”, que les había editado, y –para usar un manido cliché- me hizo volar la peluca.
Le llamé inmediatamente para contarle cuánto me había conmovido dicho single, y me respondió “Bueno, están aquí ahora mismo. Se lo diré.” Con el teléfono aún en mano se dirige a la habitación (sobre el trasfondo de un estrépito que parece causado por la masticación y deglución de un plato de judías). “Mohair dice que sois LA mierda”. Oh, cómo me reí. Un vínculo se había formado. Seguí cambiando recetas con Mr. Fuzz durante los siguientes meses y en una visita a esta encantadora casa cerca del río Trent en Nottingham muy poco después del prensaje inicial de Embrooks, no sólo me dio una copia del single de los Lyds (con el núcleo de Embrooks, Lois y Mole, en una encarnación previa y muy breve, también editado en Dig the Fuzz), además sacó la maqueta de cartón de la portada del inminente LP ‘Separations’ en toda su pegajosa gloria. Me sentí privilegiado y honrado. No mucho tiempo después tenía la copia finalizada de esa belleza rezumante de reverb en mis manos. (Corte a hombre desvaneciéndose).
Durante los siguientes años vinieron más lanzamientos excitantes en varios sellos de diversos países –singles, EPs, lanzamiento en CD del ‘Separations’ en el sello americano Dionysus, el fantabuloso LP ‘Our New Day’ en Voxx/Bomp y entonces –Shock! Glups! Gritos de “¡¡Qué Sesentas!!”: ¡Giras por “America”! “America” incluiría por supuesto una breve parada para hacer acopio de donuts y dar un par de conciertos en el área de Toronto. La palabra “gira” puede estar estirándose un poco, supongo, pero digamos que al menos la banda se las arregló para asestar unos cuantos golpes en los más oscuros y profundos clubs, ciudades y festivales que aguantaban la moderna mezcla de todas las cosas bellas y salvajes que practica la banda: Las Vegas Grind, Our Way of Thinking en el Mod Chicago, Casbah Club de San Diego, Cavestomp en New York, San Francisco, Philadelphia, Detroit, Chicago y más allá. Europa, para entonces, ya había caído rendida a los considerables encantos de los Embrooks. Quiero decir, ¡Cómo no! Un doctor sexy italiano a la guitarra. Una maravillosa y feroz baterista. Un misterioso, instruido y melifluo bajista. ¡Esas camisas y pantalones conjuntados! ¡Esas increíbles patillas! ¿Hay algo que pueda no AMARSE? España, Italia, Alemania, Maidstone. Todos cayeron enamorados. Y cayeron profundamente.
Creo que es muy importante mencionar también en este momento que la razón por la que tantos cayeron tan profunda y rápidamente es el hecho de que los trabajos grabados por los Embrooks son artefactos de considerable mérito artístico y que nos traen algunos de los más grandes momentos de la historia del mod/beat/freakbeat/mod-psych (o como quieras clasificarlo tú cuando los archives en tu biblioteca de trabajos musicales esenciales). Tras sus autoproducidos single y LP de debut, la banda trabajó con su amigo, mente afín y (ahora mucho más renombrado) productor/propietario de estudios Liam Watson. Los estudios Toe Rag de Watson y su colección de grabadoras, micrófonos, cazadoras de laboratorio, compresores y demás aparatos vintage fueron el territorio perfecto para acoplar la colección personal de la banda: bajos extraños, fuzztones, baterías Ludwig; y su continuísmo neomilenario de los sonidos más perturbadores de los 60. Fue muy recientemente que este equipo engrasado completó el supremamente trabajado, extremadamente logrado ‘Yellow Glass Perspections’, editado en Munster Records. Como era de rigor, curiosas reseñas de todas partes del globo fluyeron hacia el cuartel general de los Embrooks.
La dificultad, por supuesto, en seguir una senda musical como la que los Embrooks han elegido, es que mientras podrían haber cautivado a legiones de fans alrededor del mundo con su dinámica y estilosa presencia escénica y sus melodías maravillosamente trabajadas, el reto es mantener la escena en un presupuesto irrisorio y sin apoyo de sellos grandes… puede resultar difícil, si no muy cerca de lo imposible, hacer que todo cuadre. Y cuando la responsabilidad añadida de pagar las facturas de uno, de ayudar a salvar al mundo de una continua crisis médica, se interponen en el camino, bueno, no creo que haga falta añadir nada. Algo tiene que esperar, supongo. Esperemos que esta colección de los trabajos grabados y rarezas de la banda nos mantendrá satisfechos mientras esperamos pacientemente su merecido regreso al estudio y a los escenarios. Realmente deseo que sea pronto, y que cuando lo hagan, y si lo hacen, el resto del mundo –además de nosotros, los afortunados que hemos estado aquí ya acompañando este fantástico viaje musical- estén preparados y suficientemente iluminados para caer profunda, locamente enamorados de uno de los grandes tríos del rock ‘n’ roll en los tiempos modernos, como tú y yo hemos caído.
The Embrooks. Que vivan mucho. Que Dios los ame.
Colin Bryce/Mohair Sweets
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